Friday, November 16, 2007

Apuntes Varios

Estuve en Viena. Comparada con Milán, casi cualquier ciudad a la que se me ocurra irme será preciosa. Pero Viena es preciosa de verdad; y hace un frío de mierda. Según Elisa, que me acompañó y fue mi guía en la ciudad, una de las características principales de esta es la cantidad de viento que corre por sus calles. Si unimos a esto la lluvia y las bajas temperaturas, nos podemos ir haciendo una idea del estado de mis manos y mi nariz durante esos días.

Pero nevó.

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La mayor frustración en Viena:

No ver a Arcade Fire. No tenía entradas, pero estaba dispuesto a pagar lo que me pidieran para la reventa – mientras el precio hubiese sido menor que mis riñones. Y es que Arcade Fire cumplía todos los requisitos para ser LA experiencia europea: un grupo que me encanta cuando aún no se ha echado todo a perder. Que no es lo mismo ver a Pearl Jam o a Björk llegando a Sudamérica luego de 10 años (y más) de carrera, con la fama, y todo lo que implica, encima, que ver a Arcade Fire después de su segundo disco, y en esa sútil franja que separa a los grupos verdaderamente famosos de la sección más conocida del indie. Aunque en realidad me hubiera gustado verlos en un local chico y con sólo cien personas de público.

Lo mejor de Viena:

Los museos a los que fui. Si bien la nieve es un espectáculo para cualquier persona que viva cerca al ecuador, hubiera cambiado 80 mil nevadas por más tiempo y dinero para ver museos. El primero de ellos, el Leopold Museum, está dedicado en su mayor parte al arte de la vanguardia austríaca de principios de siglo, con un énfasis en la figura de Egon Schiele. Por algún motivo extraño pensaba que este pintor era uno de esos artistas que alcanzan la fama sólo después de muertos, una especie de Van Gogh austríaco. Pero me enteré que ya era respetado en vida. No es que esto tenga alguna importancia, su pintura hubiera sido igual de potente si no le hubiera hecho caso ni su madre.
El segundo, y último, de ellos fue el Albertina. Aunque tenía una exposición de “Picasso vs. Monet” (como quien dice “Gozilla vs. Mothra”), la que más me gustó fue aquella del “Arte posterior a 1970”. Es el descubrimiento de una obra en movimiento (porque la mayoría de artistas comprendidos siguen vivos) sobre la de una obra ya estática y, de alguna forma, conocida. No es que conozca y haya visto todas las obras de Monet o Picasso pero, en cambio, no conocía si quiera la existencia de artistas como Longo o …… Luego postearé más acerca de los que más me impresionaron. Tengo algunas ideas, pero debo esperar a que se asienten.

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Lo que dijo Mathew Dear (de quien no había escuchado nada nunca) en su última entrevista para Pitchfork es cierto: el 80 ó 90 % de las personas no están dispuestos a ir a un concierto de un grupo del que no han escuchado nada antes.

¿Resultado? Iré a ver a Tre Allegri Ragazzi Morti solo.

No es EL grupo italiano a conocer, pero tiene una propuesta que me llama la atención. Es punk rock, un poco repetitivo en las estructuras, y un poco sonso en las letras (demasiado populista en sus historias de adolescentes incomprendidas), pero lo suficientemente pop y lo suficientemente punk para convertirse en la perfecta opción de mi fin de semana. Como dice Ana María (que no irá conmigo al concierto): “es un grupo para saltar y quedarte afónico”. Es lo mínimo que le pido a un grupo desconocido.

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Los Mirlos fueron mencionados en la Pitchfork. Es el momento más WTF de toda la historia (para un peruano).

Los Mirlos es un grupo de chicha peruana. La chicha peruana es un género tropical que estuvo en auge en las décadas de los 70s y 80s. Es la madre de la cumbia villera, para que un lector del cono sur tenga algo de idea de a lo que me refiero. Y fueron mencionados en la Pitchfork.
Sin embargo, no es como que Pibes Chorros hubiera sido reseñado. La chicha es un fenómeno interesantísimo en materia musical. Básicamente, es una mezcla de ritmos caribeños (salsa y cumbia), punteos andinos y criollos y sonidos psicodélicos. El uso del wah wah y el fuzz fue algo normal en los músicos chichas (muchos de ellos llegaron al género luego de que el gobierno militar pusiera severas trabas al rock), y es lo que le da un sabor característico a este género musical.

El Perú, país clasista y racista por excelencia, ha visto la chicha y sus derivados (la tecnocumbia, por ejemplo) con malos ojos durante muchos años. Recientemente, sin embargo, está ocurriendo una revalorización de la misma, ya sea en forma irónica (las clases dominantes utilizando géneros populares porque es “cague de risa” hacerlo) o sincera (el uso del lenguaje chichero como arte).

El artículo de prensa de la disquera que editó el compilado que permitió que Los Mirlos fueran mencionados en la Pitchfork es bastante acertado en su visión general de las cosas (hasta antes de la revalorización antes mencionada). Aquí el link.

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Hace mucho frío

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A partir de un post de Benito, y la discusión generada al respecto, me puse a ver vídeos en vivo de la época punk.

Ramones en vivo, circa 1978, son increíblemente buenos.

Pero todo el punk, todo lo que significa, está contenido en la forma en que Johnny Rotten canta: “We mean it, man”.

2 comments:

Jota said...

al menos pegaste la oreja a la pared del local donde tocaron los arcade??
es mejor que nada.ademas, te quedan los italianitos enmascarados. prefiero mil veces ir a un concierto de desconocidos por el simple hecho de bailar solo (parejas? mariconadas). lamentablemente hay un mínimo de escrúpulos y vivo en piura.

Manzanilla y Sal said...

Estuve muy muy lejos del Gasometer. Muy muy lejos.

Y baile Ask. Y fui feliz